sábado, 26 de octubre de 2019

Ecuador, por la costa del Pacifico.


Salimos de Quito y nuestra siguiente parada, a unos 70 km. hacia el oeste, es la pequeña población de Mindo. Entramos al anochecer, cuando se encendían las luces.







Este pueblo ha apostado por el ecoturismo y según los lugareños es la única region de Ecuador donde la superficie del bosque aumenta. Acampamos junto al rio Canchupi, uno de los que cruzan el pueblo.




Al día siguiente con las bicicletas nos dirigimos a la terminal del teleférico que nos remonta hasta el bosque nuboso.







Desde allí una canasta o tarabita de 530 metros cruza  otro valle hasta donde comienza el sendero del Santuario de las cascadas.





Un largo recorrido que enlaza 15 cascadas en medio de un exuberante bosque brumoso.








Un soberbio escenario para los amantes de la naturaleza, donde también tienen cabida deportes más extremos.










Un excelente lugar para la observación de aves, aunque nosotros solo vimos en la lejanía un tucán de pico amarillo.




Después de nuestro recorrido por el bosque, recogemos en la cabina del teleférico las bicicletas e iniciamos nuestro descenso hasta el pueblo.




Al día siguiente visitamos el mariposario.




Un interesante recorrido por la efímera vida de estos insectos, que nacen gusanos y se transforman en coloridas mariposas, que solo viven unas semanas.
















De Mindo continuamos descendiendo hacia la costa por el exuberante bosque tropical.




Poco a poco el paisaje se va transformando. Aparecen pueblos y desaparece la selva.










Ya en la llanura, aparecen los cultivos masivos de palmeras de las que se obtiene el aceite.




Aunque de vez en cuando todavía el paisaje nos regala estas bellas imágenes.




Anocheciendo llegamos a la playa de Atacames, de nuevo estamos en el Pacifico.




Una turística y kilométrica playa, que con la marea baja muestra toda su belleza.







Unos tres kilómetros más al sur se encuentra Sua, una pequeña aldea de pescadores.




La limpieza y el orden no forman parte de su día a día.







Seis kilómetros después entramos a Same, una atractiva y limpia playa de arena gris, repleta de palmeras.




Andando por su larga playa de tres kilómetros, llegamos al pueblo pesquero de Tonchigüe, con su habitual trasiego de hombres y barcos preparándose para hacerse a la mar.







La zona costera, con menos recursos, es más pobre y las construcciones de las casas son en madera.







En Mompiche no nos pudimos quedar, sus estrechas calles pegadas al mar, no dejan lugar para estacionar nuestro camión.







Buscando un lugar más tranquilo junto al mar llegamos al embarcadero donde pequeñas canoas cruzan el estrecho brazo de mar hacia la isla Zapotal.







En ella se encuentra una pequeña aldea de restaurantes, camping y club de playa, con sus construcciones bajas de madera y tejados de hojas de palma.




Un lugar fascinante e idílico. Al atardecer la extensa playa se diluye entre el mar y el cielo.







Al retirarse la marea vimos algunas estrellas de mar, conocidas como dólar de arena o galleta de mar por su forma.







Estamos a mediados de Junio y aunque está terminando la estación de lluvias, todos los días caen fuertes aguaceros.




Por toda la costa encontramos granjas marinas donde se cría el camarón, que con los plátanos eran las principales fuentes de ingresos del país hasta que se encontró petróleo.




Unos cuarenta kilómetros al sur llegamos a Pedernales. Tenemos que suspender nuestro viaje por un problema familiar grave. Regresamos a Quito donde dejaremos el camión para volar a España.




Mapas del recorrido.







Filopensamientos y otras cosas…………..


Decia Apsley Cherry-Garrard, miembro de la desdichada expedición de Scott al Polo Sur:

 “ la exploración no es otra cosa que la expresión física de la pasión intelectual”.

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