lunes, 9 de enero de 2017

Noruega, los fiordos del norte.


Dejamos Cabo Norte a mediados de agosto, con unas temperaturas más propias del invierno, ya que raramente pasan de los 10º.







En la II Guerra Mundial también estas tierras vivieron violentos combates. Como  muestra este bunker reventado a pesar sus de varios metros de espesor de hormigón y hierro.




Alta, con 19.000 habitantes, es la ciudad noruega más importante por encima del paralelo 70ºN. Una ciudad moderna, con agradables plazas y actuales centros comerciales. Su reciente iglesia inspirada en las auroras boreales da prueba de ello.




A unos cuatro kilómetros, al final del fiordo se encuentra el museo de Alta.







Declarados sus acantilados Patrimonio de la Humanidad por los más de 6000 petroglifos del final de la Edad de Piedra. Estos muestran escenas de caza, símbolos de fertilidad, osos, alces, renos y barcos llenos de pasajeros.







Es un autentico placer que 10.000 años después de estos grabados, los humanos podamos seguir disfrutando de la compañía de la vida salvaje.




Los noruegos saben compaginar muy bien su confortable y moderno modo de vida con la conservación de sus espacios naturales.







La actividad pesquera en Noruega es una de las más importantes del mundo. Sus capturas principales son el bacalao y el salmón. Pero nos llama la atención la transformación hacia las piscifactorías, que vemos fondeadas en las aguas calmas al final de los fiordos.










Seguimos descendiendo hacia el sur por la estrecha carretera que contornea la costa ofreciéndonos continuamente la imagen más típica de este país.







Muy a menudo, desde los enormes farallones que caen verticales al mar, vemos pequeños arroyos que se precipitan desde lo alto, formando vistosas y espectaculares cascadas.




Estábamos en contacto con nuestros amigos Pepe y Alegría, que desde Madrid subían hacia Cabo Norte. El punto de encuentro fue la pequeña población de Birtavarre en el fiordo Lyngen.




Venían con su amigo Carlos y con ellos compartimos cena, desayuno y una amigable y divertida charla de la política en España y sobretodo de viajes.




Casi todas las noches tenemos la oportunidad de encontrar sitio de acampada con inmejorables vistas.




Algunos de los aparcamientos y puntos de información están especialmente cuidados y decorados por artistas locales.




El elevado nivel de vida en Noruega queda reflejado especialmente en sus cuidadas casas y jardines. Y es raro no encontrar en ellas una caravana.




Un laberinto de cabos, bahías, fiordos e islas conforman la escarpada costa noruega. Comunicados por puentes, túneles y ferrys, como el que une el continente a la isla Hinnoya.




Antes de cruzar el puente, una caminata de varias horas nos conduce a la cima del Kvitnesveten, desde donde tenemos unas bonitas vistas del entorno.







Aunque el día estaba soleado, en muy poco tiempo las nubes cubrieron el cielo y tuvimos que correr para no mojarnos.




Hinnoya es la isla más grande de Noruega y forma parte del archipiélago de las Vesteralen. Su capital Harstad es un importante puerto protegido de la violenta fuerza del océano.




 Y aunque no son tan espectaculares como las Lofoten, son más silvestres.







Los zorros rojos son muy difíciles de ver, nosotros tuvimos la suerte de que uno se nos cruzara en la carretera. Seguramente se trataba de una cría que andaba despistada.




Para avanzar en esta encrucijada de bahías y canales, muchas veces es más interesante cruzar en un transbordador que continuar por la sinuosa carretera, ahorrándonos un montón de kilómetros.







Al norte de la isla de Langoya se encuentra el pequeño pueblo de Nyksund, al que se llega por una angosta carretera, entre el acantilado y el mar.







Este puerto pesquero se formo con la unión de dos islas y permaneció abandonado varias décadas, ahora una asociación alemana lo está reconstruyendo.







El senderismo en Noruega es una de las actividades más populares y sus abruptas y elevadas montañas siempre nos llevan a espectaculares balcones.







En las cimas donde terminan las rutas, existe un buzón con un libro para dejar constancia de tu paso.




Otras veces la ruta discurre junto al mar.







En muchas ocasiones encontramos refugios para el mal tiempo, donde se puede hacer fuego y pasar la noche.







Lo que más echamos en falta en este país es su pasado histórico y cultural, solo representado en sus museos. Desde los vikingos hasta los poblados de pescadores del siglo pasado han desaparecido, posiblemente porque sus construcciones eran en madera y perecieron en el tiempo. Ahora todo parece nuevo y recién construido.







El paisaje es la esencia de Noruega. Durante cientos de miles de años los glaciares esculpieron impresionantes formaciones naturales, dejando un paisaje lleno de fiordos, lagos, ríos, montañas y cascadas.













Mapas del recorrido.







Filopensamientos y otras cosas………………..

En su libro “La aventura de viajar” escribe Javier Reverte:


En los grandes viajes, hay que estar dispuesto a dejar de ser quien eres y convertirte en una persona distinta. No existe el gran viaje si cuanto sucede en el camino no te transforma de alguna manera.