sábado, 1 de diciembre de 2018

EEUU. La costa de California.



Salimos hacia el sur dejando atrás  la animada ciudad de San Francisco.




Recorreremos la costa por la Nacional 1  junto al mar. En la playa de San Gregorio hacemos la primera parada.




Dicen los californianos que esta ruta es la más bonita de su estado.




Las playas están muy bien para pasearlas, pero a pesar de que estamos a mediados de julio, los únicos que se bañan son los leones marinos.










Cualquier rincón o playa salvaje está considerado parque estatal, lo que te obliga a pagar para estacionarte, como este antiguo faro en Pigeon Point.







Continuando hacia el sur pasamos por Santa Cruz y Monterey sin detenernos. Buscamos playas tranquilas y solitarias y no grandes ciudades abarrotadas de coches. En el parque estatal Andrew Molera paramos para hacer un sendero junto al mar.










En el camino se nos cruzo una joven serpiente de cascabel, con el vientre hinchado por la ingesta de su última presa.




Los españoles, los primeros europeos que llegaron a estas tierras, quedaron impresionados por la grandeza de esta costa, a la que llamaron Gran Sur.







Numerosas colonias de leones marinos pueblan los islotes de estas frías aguas.




La carretera pasa por escarpados acantilados o desciende hasta el nivel de las olas, y casi siempre acompañada de la niebla procedente del océano.







Desde uno de esos acantilados tuvimos la suerte de ver resoplar una ballena.




Lo que no esperábamos encontrar tan cerca del mar era una manada de ciervos.







Unos 13 km. antes de San Simeón vive una colonia de elefantes marinos.










Lo más insólito de todo, fue ver junto a la carretera, un rancho con cebras.







Morro Bay es un puerto de pescadores cerrado al mar por su característico peñasco volcánico.




A mitad de camino entre San Francisco y Los Ángeles, y un poco tierra adentro, se encuentra la población de San Luis Obispo. Una agradable ciudad de 45.000 habitantes perfecta para visitar a pie.







Esta comarca creció alrededor de la Mision San Luis Obispo de Tolosa, fundada en 1772 por el padre Junípero Sera.










Fue una de las 21 misiones construidas en California. Parte de sus dependencias albergan hoy un interesante museo colonial, religioso y de la cultura de los indios chumash.







En las afueras de la ciudad el Hotel Madonna Inn, pintado de rosa, es una atracción turística. Por fuera parece un castillo de golosinas y el interior es lo mas cursi que podáis imaginar.










A unos 160 km. de San Luis Obispo llegamos a Santa Bárbara, de nuevo en la costa.







En 1542 el navegante Juan Rodriguez Cabrillo reclamo estas tierras para la corona española y a mediados del siglo XVIII se edifico la misión. Algunos edificios todavía conservan el estilo colonial.










Santa Bárbara es otro de los ejemplos de las escasas ciudades agradables para pasear y visitar en Estados Unidos.




La misión se fundó en 1786 y aunque esta muy restaurada merece una visita. Lo que mejor se conserva es la capilla donde todavía quedan pinturas con motivos indios.










La casa de la guerra era la residencia de los altos mandos de los españoles de principios del siglo XIX.




El Stearn’s Wharf es el muelle de madera más antiguo del estado, fue construido en 1872.




Al atardecer sus numerosos restaurantes y tiendas de souvenir se llenan de vida.




La carretera continúa bordeando el mar y allí donde queda un hueco entre pueblos y urbanizaciones hay un parque estatal repleto de caravanas y campistas.







Si por algo se caracterizan las playas californianas es por los surfistas, en Malibú se les puede ver cabalgando las olas.













Intentamos parar en Santa Mónica y era tan descomunal el atasco circulatorio que decidimos irnos hacia el interior y cruzar también Los Ángeles.




Para haceros una idea de la inmensa metrópolis de Los Ángeles y sus barrios, basta decir que nos llevo cruzarla 7 horas y 140 km. de travesía.







En Dana Point encontramos un puerto deportivo donde relajarnos.







Unos kilómetros antes de San Diego en la población Del Mar nos dimos el primer y último baño en la costa californiana. El agua estaba menos fría que en el norte y a medio día nos atrevimos a bañarnos.




En esta playa también estaba permitido el baño de los perros.




Cruzamos San Diego por el interior para dirigirnos hacia la frontera de Méjico por Tecate.







Elegimos este punto fronterizo por ser más pequeño y tranquilo. Salimos de Estados Unidos sin hacer absolutamente nada y sin ningún control.




Mapas del recorrido.







Filopensamientos y otras cosas………

California tiene una extensión equiparable a la de Alemania e Inglaterra juntas, es el estado más rico de la Unión y uno de los más poblados.

Después de varios meses por el interior del país, visitando sus parques, montañas y desiertos, teníamos ganas de relajarnos ante la visión del océano, paseando por sus numerosas y largas playas de doradas arenas, que a lo largo de algo más de 1000 km .recorrimos entre San Francisco y la frontera con Méjico.

Pero la realidad, desde nuestro punto de vista, amantes de los grandes espacios naturales y de escasa población, ha sido bien distinta.

Salvo contadas ocasiones, la costa está demasiado desarrollada (grandes ciudades, urbanizaciones, playas privadas……) y los espacios naturales se han convertido en Parques Estatales con sus encorsetadas normas (no se puede pasar la noche, se paga por aparcar y los lugares habilitados como camping están a tope y son caros).

La acampada libre es casi imposible y siempre en sitios nada interesantes.

Por otro lado, las carreteras están a rebosar de vehículos, cuyos conductores siempre llevan prisa, pero no saben adelantar y esperan que el vehículo lento se aparte de la carretera para poder pasar. Lo que da lugar a algunas muestras desagradables por los más intransigentes, llegando a transmitirnos su estrés.

Lo mejor, sin duda, de esta costa ha sido su clima primaveral, refrescado por la corriente de Alaska, aunque sus aguas frías no invitan al baño.