martes, 26 de julio de 2016

Mongolia, cabalgando junto a Gengis Kan.


Por la mañana, con un cielo rayado de nubes, dejamos el pequeño pueblo de Erdenedalai.




El Gobi ocupa la tercera parte del país, pero solo un 3% se compone de arena, el resto lo forma una grava desigual y grisácea. Esta región es conocida por sus rebaños de camellos. Los camellos bactrianos mongoles de dos jorobas, se les conoce como los barcos del desierto.







Un pequeño ovoo y una estupa junto al camino se alzan en una colina proxima a Saikhan-Ovoo, a 111 km. de Erdenedalai.







Acampamos junto al rio Ongi, donde las manadas de caballos vienen a abrevar.







 A partir de aquí nuestra ruta se dirige hacia el noroeste. Una pista suave y rápida nos lleva por grandes explanadas con pocos accidentes del terreno.




Los tejados de colores en la lejanía nos anuncian la llegada a Bayangol.




La escolarización en Mongolia es muy elevada, la tasa de alfabetización es del 99,1%. Todos los pueblos por pequeños que sean tienen sus escuelas.




Las viejas furgonetas rusas 4x4 son sin lugar a duda el vehículo mejor adaptado a las condiciones del terreno en Mongolia.




Seguimos hacia Arvaikheer y como ya es normal en esa despoblada Mongolia, son los animales los que dominan el horizonte.







Conforme subimos hacia el norte el desierto abandona su crueldad y un verde azulado se va apoderando de la tierra.







Esta pequeña oveja se había extraviado del rebaño y fuimos a buscar al pastor para que la recogiera. Unos buitres andaban al acecho no muy lejos.







Los límites de las provincias suelen estar marcados. Este arco a la salida de Arvaikheer nos pareció especialmente bonito.




En Arvaikheer encontramos unos 60 kilómetros de asfalto hasta el cruce hacia Kharkhorin.







Ya hemos dejado el desierto y las montañas del centro todavía retienen la nieve caída semanas atrás.




Los siglos pasan pero quizás este paisaje no haya variado desde que Temujin lo cabalgara.




Una hierba incipiente y rala va cubriendo las colinas de la estepa mongola conforme avanza la primavera.







Las pistas se renuevan buscando el terreno más propicio y nos crea la incertidumbre de cuál es la que debemos seguir, que en realidad no es ninguna y todas a la vez.







Poco antes de llegar a Kharkhorin la pista pasa por el monasterio Shankh que sobrevivió milagrosamente a la purga estalinista de los años 1930.







Se dice que durante un tiempo el templo acogió el estandarte negro de Gengis Kan, el cual simbolizaba el poder militar del gran Kan.




Después de cruzar el rio Zegstiin llegamos a Kharkhorin.







Gengis Kan decidió en 1220 instalar la capital de su reino aquí y la llamo Karakorum. Entre los escasos vestigios solo se han encontrado tres de las cuatro tortugas con estelas que limitaban el cuadrado de 4000 m. de lado que ocupaba la ciudad.




Una de ellas se encuentra en el museo de Ulan-Bator, otra sobre una colina que domina el valle y la tercera cerca del recinto amurallado del monasterio Erdene Zuu.




Erdene Zuu es el principal motivo de visita a la ciudad. Fue el primer monasterio budista construido en Mongolia en 1586.




Un gran muro de ladrillo de 400 m. de lado y 108 estupas (número sagrado budista) delimitan a modo de fortaleza este monasterio.




En 1872 el recinto llego a albergar 62 grandes templos. Desgraciadamente, la mayor parte de estas joyas del arte budista fueron reducidas a cenizas por la sin razón totalitaria soviética.




Entre 1937 y 1938 el terror se desato en Mongolia: la policía secreta bolchevique llevo a cabo terribles purgas para el exterminio de cualquier vestigio de tradición budista. El termino budista “compasión” desapareció del vocabulario mongol.







Como resultado miles de monjes fueron asesinados, victimas de ejecuciones sumarísimas, y enterrados en fosas comunes que se extendieron a lo largo de todo el país. Las cifras oficiales hablan de 30.000 asesinatos, pero otras fuentes elevan el número de muertos a centenares de miles.







También muchos ovos desaparecieron en aquella época prohibiéndolos y catalogándolos de superstición. Pero han vuelto a levantarlos y a adorarlos. Los encontramos a lo largo de todas las rutas, en los lagos, en los ríos o en las cimas de las montañas.




Atrás dejamos Karakorum y cruzamos el gran valle del rio Orkhon, declarado Patrimonio de la Humanidad en 2004, por representar la evolución de las tradiciones ganaderas nómadas durante más de dos milenios.







Dejamos el asfalto que une Ulan-Bator con Tsetserleg y nos desviamos hacia Tubshruulekh.










Nuestro próximo objetivo es llegar a las fuentes termales de Tsenkheriin. La ruta transita por unos parajes de gran belleza.




Algunas lagunas todavía permanecen heladas.







Aunque estamos a mediados de mayo, la corta primavera todavía no ha irrumpido con sus verdes y sus flores y son los grises y los marrones los que dominan algunos fríos valles.







Mapas del recorrido.







Filopensamientos y otras cosas…………………..

Poco antes de morir Kapuscinsky lego su remembranza publica, Viajes con Herodoto, y dio una gira para presentarlo.

En la entrevista decía que en sus periplos, además que a la relación con el ser humano, había correspondido a la necesidad de huir de lo diario, de la burbuja de comodidad que nubla al hombre.

Quizás Mongolia sea uno de esos lugares donde más lejos te encuentras de lo cotidiano, de la comodidad y del bienestar sedentario.


Los que en el interior llevamos un alma nómada, nos vemos galopando junto a Gengis Kan, en este océano de hierba virgen, cuyas colinas son verdes olas, con la sensación de libertad que se experimenta cuando formas parte de la naturaleza que te rodea, cabalgando hacia un horizonte que se alarga hacia el infinito.

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